miércoles, 12 de octubre de 2011

VICENTE ANDREU ALBA: un alcañizano en Mauthausen

Como a la generación que vivió directamente la Guerra, a este republicano alcañizano, aquellos acontecimientos le desbarataron – a sus 24 años- un proyecto de vida que justo había comenzado acompañado por su joven esposa y el primer hijo de su matrimonio. Vicente Andreu se incorporó al ejército republicano y tras la separación física con la familia  y los avatares propios de la guerra, el matrimonio volvió a reagruparse en Barcelona, donde acudió su esposa, su hijo y otros familiares tras la ruptura del frente de Aragón en la primavera de 1938.

No duró mucho el reencuentro puesto que a finales de enero de 1939, ante la inminente llegada a Barcelona del ejército franquista, formando parte de una de las unidades del ejército republicano Vicente se dirigió hacia el exilio, cruzando la frontera la frontera francesa, en los mismos días en que nacía su segundo hijo Mariano, el día 2 de febrero.

Vicente fue internado directamente en el campo que se improvisó en las playas de Argelès donde, siguiendo el testimonio de su hijo[1], sufrió “unas condiciones de extrema necesidad”. El hastío en el campo, el rechazo a la vuelta a España y la falta de alternativas sería, como en tantos otros casos, lo que le llevó a alistarse “en los Batallones de Marcha, combatientes de primera línea, en el ejército francés para continuar la lucha contra el fascismo de Hitler, de Mussolini y de Franco”.

Como consecuencia de la debacle francesa de los meses de mayo y junio de 1940, fue detenido por los alemanes en la primavera de 1940 y transferido en primera instancia a las cercanías de la población de Chaumont y posteriormente, como prisionero de guerra, fue trasladado al stalag XI B Fallingbostel. En una fecha que desconocemos -quizá tras la intervención de la Gestapo- fue a parar a Stugart desde donde fue deportado a Mauthausen en un transporte formado por 11 republicanos. Su ingreso en Mauthausen se produjo el 24 de mayo de 1941, siendo matriculado con el número 4709.

Poco sabemos sobre los destinos de Vicente durante aquellos interminables cuatro años. Fue destinado al kommando Steyr, situado en el sur de la ciudad de Linz, donde un grupo de deportados, a principios de 1942,  trabajaron en la construcción de los barracones y fue en marzo cuando entró oficialmente en funcionamiento. Los prisioneros fueron destinados a diferentes fábricas relacionadas directamente con la industria de guerra. Vicente consiguió soportar la crueldad en el trato diario y en el trabajo forzado, llegando a la liberación en unas condiciones extremas, según las propias palabras de su hijo mariano: “en mayo de 1945 mi padre no pesaba más de 35 kg. Fue clasificado en la categoría de los musulmanes[2], es decir que no le quedaban más que algunas semanas de vida. Afortunadamente la liberación del campo llegó a tiempo...”

Tras la indecisión sobre el futuro de los supervivientes republicanos, llegó la repatriación a Paris, su paso por el hotel Lutetia y un itinerario por diferentes casas de reposo en Amiane, en las cercanías de Montpellier, y en Saussignac, al lado de Périgueux, que le ayudaron a recuperar su maltrecha salud.  Posteriormente se trasladó a la villa de Sarlat donde vivían su hermana y su madre quienes habían salido ilegalmente de España en 1939. Una vez recuperado, se instaló en Beaucaire (Gard) a 25 Km. de Nimes donde se reencontró y mantuvo amistad con otros compañeros supervivientes de Mauthausen.

Todavía tuvo que esperar algún tiempo para reunirse con su esposa e hijos los cuales, al acabar la Guerra de España, habían decidido regresar a Alcañiz viviendo en la calle Infanzonía hasta julio de 1947. Fue este año cuando se produjo el reencuentro de la familia en Francia a donde pudo acudir su esposa con sus dos hijos, tras cruzar la frontera con esfuerzo y superando las dificultades que se le presentaron. Vicente pudo conocer a su hijo menor, Mariano, a cuyo nacimiento no pudo asistir por las circunstancias que hemos señalado y que ya contaba con ocho años de edad, los mismos que la familia había estado separada como consecuencia de la derrota republicana. A partir de aquel momento “la vida continuó con coraje, obstinación, y sin dejar de mirar hacia adelante… Definitivamente se instalaron en Aniane y en el año 1972 se le reconoció la nacionalidad francesa y, a pesar de todo lo que habían sufrido en 1939, Vicente “estaba agradecido a Francia por haberle acogido, ayudado y respetado”. Falleció el 4 de diciembre de 1992 en la ciudad de Burdeos a la edad de 80 años.

La carta, en la que Mariano Vicente da testimonio de su padre, acaba con estas palabras que por sí solas son un legado de respeto y de dignidad hacia la memoria de su padre:

“Nunca Olvidó su estancia en Mauthausen. La fiesta nacional después fue siempre el 5 de mayo. Nos hizo comprender las siguientes palabras: “Yo nací extranjero, viví extranjero y moriré extranjero. Estoy muy orgullosos de hablar de hostilidad, de resentimiento, de sufrimiento, pero sé reconocer las miradas y los gestos…”. Esta es la historia de un hombre que siempre consideró como un horror la violencia, la injusticia, el racismo, el oscurantismo y siempre estuvo al lado de la justicia, la honestidad y la libertad”



[1] Ha sido precisamente Mariano Andreu, quien ha dado testimonio de su padre en una carta que el amigo José María Maldonado, de Alcañiz,  nos remitió hace algún tiempo.
[2] Así se denominaron en los diferentes campos a los internos a los  internos que parecían haber perdido la más mínima confianza en la supervivencia, ofreciendo un aspecto lamentable y una mirada ausente, lo cual parecía condenarles a una muerte próxima.

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